"Sol abrasador sobre Lyon, casi 40°C a la sombra.
La ciudad está saturada y Andolini se adentra en la naturaleza: senderos, viñedos, jardines en flor... El aire se vuelve ligero y los pensamientos se calientan.
Al doblar una puerta, una mirada por encima del muro bajo: Corentin, con las manos negras por la mecánica, levanta la cabeza. Un momento de duda, una sonrisa, luego la pregunta: "¿Es Andolini? Un asentimiento cómplice. La puerta se abre con una corriente eléctrica.
La tensión aumenta, simple e irresistible. Los gestos se responden, la audacia se invita a sí misma. Corentin guía a Andolini hacia el interior.