Andolini se prueba los calzoncillos... y luego el diseñador
Andolini paseaba por Londres cuando un discreto estuche llamó su atención: Sinnerwear. Detrás del mostrador, David, diseñador y rostro de la marca, con una mirada franca, una sonrisa magnética y una voz cálida. En pocos minutos, hablaba de tejidos, cortes, deseos... y ya crepitaba el aire.Andolini pidió probarse algo. Cabina cerrada, cortina echada, deja caer los vaqueros. Los bóxers negros abrazan sus muslos, enfatizando cada músculo y resaltando lo que apenas ocultan. David asoma la cabeza "para comprobar la talla" y se queda más tiempo del necesario, con los ojos brillantes. Sus miradas se cruzan en el espejo: no hacen falta palabras.Andolini sale con una bolsa llena... y un papel con un número escrito a mano en el reverso.Esa noche, se dirige a su habitación de hotel. Se pone de nuevo los calzoncillos Sinnerwear, se hace una foto, envía un simple "Gracias por el servicio" seguido de la foto. Diez minutos más tarde llaman a la puerta y David está allí, chaqueta de cuero, la respiración ya entrecortada. Andolini le hace entrar y cierra la puerta de una patada. Los calzoncillos vuelan primero. Londres puede esperar: el verdadero descubrimiento empieza ahora.