Andolini había pasado una semana increíble en Marrakech, pero a pesar de la belleza de la ciudad, había echado de menos algo esencial para su bienestar: la actividad sexual diaria. Así que, en cuanto subió al avión de vuelta a Lyon, empezó a imaginar las cosas más calientes que podía hacer para recuperarse de su abstinencia.
Cuando llegó al aeropuerto Saint-Exupéry de Lyon, Andolini estaba lleno de deseo. Estaba impaciente por llegar a casa y liberarse como era debido, e incluso estaba dispuesto a masturbarse si era necesario.
Andolini llegó por fin a Lyon y, al entrar en el ascensor, vio al sexy bretón. Andolini no pudo contenerse ni un segundo y atrajo al bretón para que entrara con él en el ascensor, susurrándole discretamente al oído "Amigo mío, no puedes perder esta oportunidad... una semana de zumo en stock".
El bretón, un poco sorprendido por la repentina pasión de Andolini, se había inquietado un poco. Pero la llamada del zumo era más fuerte que nada.
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