Andolini no esperaba nada ese día. Y sin embargo... Al entrar en su sala de fitness de la plaza Bellecour, su mirada se detiene en dos cuerpos perfectamente modelados. Dos hombres que calentaban los músculos. Aún no sabía que eran bailarines, y mucho menos que la velada que seguiría se convertiría en una de las más calientes de su semana.
Uno de ellos, Tommy, destacaba por su físico más voluminoso y tosco. Su conversación, centrada inicialmente en la musculación y las rutinas de entrenamiento, derivó rápidamente hacia otros tipos de espectáculo... Fue entonces cuando Andolini supo que los dos guapos chicos eran bailarines de gogo, contratados para una fiesta privada en los Monts d'Or. Su instinto no le falló: la atracción era real, compartida y eléctrica.
Curioso y claramente invitado, Andolini no desaprovechó la oportunidad.
Las encontró más tarde en su camerino, justo antes del espectáculo.
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