Historia real de un cubano que trabaja como cartero en París desde hace 4 años. Está acostumbrado a entregar paquetes de todos los tamaños. Ese día, fue a un frecuentador en los suburbios. Tenía que entregar un paquete certificado al Sr. LOVER. Entró en el apartamento y mientras el frecuentador firmaba, el paquete se abrió y cayó un enorme consolador. El cartero se sintió avergonzado y miró a su frecuentador con una sonrisa. "¡Ups, lo siento! Bueno, ahora que está fuera, ¡solo queda usarlo!"